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31 de marzo de 2011

EL SI MISMO Y LA ANSIEDAD DEL SER

Cada vez que el sufrimiento y la ansiedad doblegue a la humanidad se producirá la necesidad en el hombre individual de cuestionarse sobre el sentido de la vida y de encontrar una respuesta más allá de lo físico.
Los que permanecen en la duda y no se cuestionan son los que navegan en las aguas turbulentas de los que sufren la falta de amor y de sentido en sus existencias.
Cuando la gente olvida su espíritu trascendente y se hunde en la inmediatez pierde la libertad y permanece atado a las cadenas de la codicia, el orgullo, la envidia, el poder y las pasiones, que resultan insuficientes y terminan produciendo un gran descontento y hastío.
La gente ha perdido el camino de la Verdad, la Paz, el Amor y el Bien y encuentra ídolos nuevos para adorar como el dinero, la ostentación, el lujo y la apariencia, ignorando sus propias conciencias.
El poder del si mismo permanece sepultado debajo de las cosas, manifestándose a través de un profundo sentimiento de carencia, imposible de saciar.
Ese vacío interior se proyecta por medio de ideas apocalípticas que son el único consuelo del condenado a muerte, que consiste en llevarse consigo a todos los demás.
Dentro de nosotros mismos tenemos todas las respuestas que preferimos no conocer y permanecer siendo nada más que un nombre y un apellido; pero si de pronto nos olvidáramos de él, tal vez podríamos tener la oportunidad de empezar de nuevo.
El costo de mantener una imagen a veces suele ser la misma vida, porque sin la propia imagen de uno mismo no somos nada.
La mente adora a la imagen, la venera, aunque sea el motivo de la baja autoestima, porque el que otorga el valor es el si mismo, que es el observador, y el testigo.
La mente es un valioso instrumento con el cual se puede obtener tanto el cautiverio como la liberación, y según cómo la utilicemos puede llevarnos a un callejón sin salida o hacia la plena autorrealización.
Cuando el odio se apodera de mucha gente, todos pierden la razón y se comportan como enfermos mentales.
La sabiduría es la cordura, es volver a las fuentes, es recobrar el camino del amor y del bien.
Muchos no se conocen a si mismos ni hacen demasiados esfuerzos para lograrlo porque el si mismo es algo que no se puede manipular ni ver, porque es insondable e invisible y sólo se puede sentir y confiar en él para lograr la paz.
La sabiduría no es más que la compasión, es llegar a comprender al otro sin juzgarlo, es la rendición, la entrega, es bajar la barrera defensiva sin llevarse nada, es abandonar el control y la imagen.
Internarse en la inmensidad ignorada del si mismo es descubrir el flujo continuo de la bienaventuranza y de la paz.
El sí mismo es la conciencia del Ser.

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