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31 de marzo de 2011

LOS CAMBIOS EN NUESTRA VIDA

La vida es cambio y cambiar es ser capaz de pensar diferente.
El cambio es una transformación que exige despojarse de antiguas estructuras, modificando los valores que ya no sirven, ampliando la perspectiva para poder ver más allá y lograr trascender los propios límites para poder enfrentar nuevos desafíos.
El que puede cambiar de forma de pensar al ritmo que le demandan los años, se enaltece, porque puede dejar atrás para siempre sus viejos miedos de niño, crecer naturalmente con el paso del tiempo y atreverse a ser auténtico y fiel a si mismo.
Los niños desean crecer, ser mayores, para participar y ser comprendidos; sin embargo, sólo cuando son pequeños pueden ser ellos mismos sin esfuerzo, cuando se atreven a responder a sus propias exigencias sin vivir pendientes de otras conciencias.
Cuando crece, y a medida que se socializa, se esclaviza, porque comienza a prestar atención a otras expectativas, debido a su necesidad de ser aceptado y querido.
Los que pueden prescindir de las expectativas de los demás y pueden ser como son, sin permanecer aislados, son aquellos que tienen confianza en si mismos, los que se aceptan como son, distintos y capaces de ser fieles y sinceros para entregarse a los otros sin condiciones, aceptando los compromisos.
Crecemos y recién desde arriba se puede ver más lejos para lograr una mejor perspectiva, porque la realidad es más real cuanto mayor es la distancia en que la percibimos, que es cuando adquiere más sentido.
El niño se transforma en un adolescente porque ha cambiado su cuerpo, pero sólo logra crecer cuando cambia su espíritu; que es la instancia que le permitirá aceptar su cuerpo y sus pensamientos.
La adolescencia es el ritual de iniciación que es doloroso pero venturoso, porque permite pasar a la adultez, cuestionando valores, arriesgando la vida en cada desafío, prefiriendo la práctica a la teoría, la experiencia a la ciencia, y estando concentrado en la búsqueda del sentido de la vida.
La fuerza de la juventud es la que los obliga y el deseo imperioso de gozar del libre albedrío es el que los impulsa a enfrentas hazañas que los hagan sentir vivos.
El niño quedó atrás, y también el adolescente ha desaparecido. Ahora un hombre o una mujer han emergido, con el potencial para ejercer su rol creativamente, tanto para la sociedad como para si mismos.
Cada uno en la vida irá haciendo lo que puede, según lo lleven su temperamento, su carácter y los pensamientos que ha adquirido, y los más satisfechos serán los que no tengan miedo a avanzar y sigan siempre mirando al frente.
La naturaleza nos enseña a ser todos los días nuevos y frescos; las plantas que se enroscan con otras plantas se secan, los árboles que se desarrollan a la sombra de otros, no crecen ni dan frutos.

EL SI MISMO Y LA ANSIEDAD DEL SER

Cada vez que el sufrimiento y la ansiedad doblegue a la humanidad se producirá la necesidad en el hombre individual de cuestionarse sobre el sentido de la vida y de encontrar una respuesta más allá de lo físico.
Los que permanecen en la duda y no se cuestionan son los que navegan en las aguas turbulentas de los que sufren la falta de amor y de sentido en sus existencias.
Cuando la gente olvida su espíritu trascendente y se hunde en la inmediatez pierde la libertad y permanece atado a las cadenas de la codicia, el orgullo, la envidia, el poder y las pasiones, que resultan insuficientes y terminan produciendo un gran descontento y hastío.
La gente ha perdido el camino de la Verdad, la Paz, el Amor y el Bien y encuentra ídolos nuevos para adorar como el dinero, la ostentación, el lujo y la apariencia, ignorando sus propias conciencias.
El poder del si mismo permanece sepultado debajo de las cosas, manifestándose a través de un profundo sentimiento de carencia, imposible de saciar.
Ese vacío interior se proyecta por medio de ideas apocalípticas que son el único consuelo del condenado a muerte, que consiste en llevarse consigo a todos los demás.
Dentro de nosotros mismos tenemos todas las respuestas que preferimos no conocer y permanecer siendo nada más que un nombre y un apellido; pero si de pronto nos olvidáramos de él, tal vez podríamos tener la oportunidad de empezar de nuevo.
El costo de mantener una imagen a veces suele ser la misma vida, porque sin la propia imagen de uno mismo no somos nada.
La mente adora a la imagen, la venera, aunque sea el motivo de la baja autoestima, porque el que otorga el valor es el si mismo, que es el observador, y el testigo.
La mente es un valioso instrumento con el cual se puede obtener tanto el cautiverio como la liberación, y según cómo la utilicemos puede llevarnos a un callejón sin salida o hacia la plena autorrealización.
Cuando el odio se apodera de mucha gente, todos pierden la razón y se comportan como enfermos mentales.
La sabiduría es la cordura, es volver a las fuentes, es recobrar el camino del amor y del bien.
Muchos no se conocen a si mismos ni hacen demasiados esfuerzos para lograrlo porque el si mismo es algo que no se puede manipular ni ver, porque es insondable e invisible y sólo se puede sentir y confiar en él para lograr la paz.
La sabiduría no es más que la compasión, es llegar a comprender al otro sin juzgarlo, es la rendición, la entrega, es bajar la barrera defensiva sin llevarse nada, es abandonar el control y la imagen.
Internarse en la inmensidad ignorada del si mismo es descubrir el flujo continuo de la bienaventuranza y de la paz.
El sí mismo es la conciencia del Ser.

LA CREACION DEL HOMBRE(MITO GRIEGO)

En tiempos muy remotos, sobre la tierra sólo existían dioses inmortales.
Zeus, Dios supremo del Olimpo griego, que fue hijo y sucesor de Cronos, a quien le usurpó el liderazgo después de sucesivas victorias; representaba al poder y al orden cósmico, aunque sin embargo estaba sujeto al Hado, su propio hijo, que fue salvado por su madre Rea de ser devorado por su padre.
Hado constituye el símbolo del destino y la fatalidad, y para los filósofos antiguos representa la serie y orden de causas encadenadas unas con otras que necesariamente producen un efecto.
En ese mundo de sólo divinidades inmortales, los dioses desearon crear seres para poblar la tierra.
Una vez decidida tal idea, Zeus encargó a los hijos del titán Jápeto, que dotaran de gracias y fuerzas a las criaturas terrenales.
Fue Epimeteo, quien rogó a su hermano Prometeo, que le permitiera repartir los dones entre los seres terrenales.
Epimeteo dio a cada animal un don, la belleza a uno, a otro la potencia, a otro la velocidad, a otro la corpulencia, a otro la sagacidad, etc., según su criterio de conveniencia.
Careciendo de la sabiduría de su hermano Prometeo dio todos los dones a los animales dejando al hombre para lo último, quedando de esta forma el ser humano desnudo, indefenso y desarmado.
Fue entonces cuando Prometeo, el amigo del hombre, viendo la injusticia que se había cometido, tratando de corregir el error y robándole la sabiduría a la diosa Atenea, concedió al hombre la lógica.
Prometeo tomó al género humano bajo su protección y robó el fuego a Hefesto regalándoselo al hombre para que se calentara y pudiera vivir mejor, y le enseñó todo lo que sabía.
Pero Zeus, al enterarse de los dones otorgados al hombre que le permitían parecerse a los dioses, lleno de ira, arrojó rayos y relámpagos y castigó a Prometeo duramente encadenándolo en el monte Cáucaso, en los límites del Universo.
Allí todas las mañanas un águila le roía el hígado, que durante la noche le volvía a crecer para volver a ser devorado nuevamente al día siguiente.
Treinta años más tarde, Hércules liberó a Prometeo de tal cruel sufrimiento.
Hefesto, dios del fuego, modeló en su taller a la primera mujer, que fue inicialmente una estatua de metal.
Como era muy bella, Zeus resolvió darle vida y uno de los dioses le agradeció con los dones de la belleza, la gracia, la inteligencia, la habilidad y el poder de persuasión.
Pero también Hermes la dotó de astucia y falsedad y Hera de curiosidad, inquietud que no le daría paz a la mujer un solo instante.
Zeus le envió a Epimeteo a Pandora como regalo, quien hechizado por su belleza decidió unirse a ella de inmediato.
Como regalo le ofreció a ambos una bellísima caja adornada con piedras preciosas y oro.
La caja estaba cerrada, pero al darle Zeus la llave a Pandora le advirtió que si querían vivir felices no la abrieran nunca.
Epimeteo y Pandora vivieron felices muchos años una vida idílica y tanto ellos como sus descendientes ajenos a todo tipo de problemas, felices como los dioses, sin penas, sin preocupaciones ni vejez que los amenazara.
Permanecían siempre jóvenes, se divertían en forma permanente y vivían de las frutas de la tierra sin matar a ninguna criatura viviente para subsistir.
No existían ni robos ni crímenes y cuando se cansaban de tanto vivir se tendían bajo un árbol y allí se dormían eternamente.
Entonces, una suave brisa los transportaba a un lugar aún más tranquilo y mágico.
Pero un día, la curiosidad pudo más y Hara abrió la caja y fue así como surgieron las desdichas y los males de este mundo, como las enfermedades, las amarguras, los dolores y otras desgracias.
La esperanza fue lo último en salir en forma de un pequeño pájaro y como símbolo del consuelo para la humanidad.
Como se puede apreciar, el mito griego de la creación del hombre se asemeja notablemente al mito de Adán y Eva del antiguo testamento.

LA CREACION DE UN IMPERIO EN TIERRA AZTECA